
Última entrega del folletín del Códice Calixtino:
"Juan Pérez Millán había pasado los últimos años de su vida encerrado en el archivo. Era su pasión, su gran amor, pero lo amaba con un sentido de la propiedad peligroso. Según explica uncatedrático de historia de Santiago, al final de sus días, Pérez Millán acusaba "una enfermedad mental" y, como "pensaba que el archivo era suyo", se tomó la libertad de subrayar los legajos; de corregir a tinta los caracteres que aparecían marrados en los manuscritos. Era una eminencia. Profesor de la universidad, paleógrafo, conferenciante de muchas cosas, incluso de Tutankamon, y uno de los mayores expertos en la historia del calendario. Tras su muerte hubo que limpiarlo todo. Hizo correcciones incluso en las páginas del Códice.
"El día que descubrió el robo, tuvieron que llevarlo a Urgencias. Desde entonces, por prescripción facultativa, no concede entrevistas ni lee la prensa para no ahondar más en su disgusto..." (Leer en Los custodios del Códice. El Pais)
