
Veo a un joven chino leyendo en el tren. Leyendo un libro en chino. Viajo mucho en transportes públicos y hasta ahora no había visto leer a los chinos nada, como mucho algún periódico de su país de forma excepcional. Me refiero a jovenes chinos que trabajan en bazares abiertos a todas horas en cualquier pueblo de Cuenca o Extremadura. No a los turistas japoneses que viajan en el AVE a Córdoba o Sevilla con su Lonely Planet.
Viendo a este joven lector me preguntaba cómo sería su mundo de libros, cómo se organizarían para leer libros en chino, tan extraños en nuestras librerías. ¿Se los pasarían unos a otros al estilo "farenheit"?
Los pocos chinos que he encontrado en los mercadillos buscaban móviles, cargadores de móviles, herramientas, bicicletas... Libros no pueden. El otro día ví en el rastro a un marroquí pidiéndo al vendedor que le guardara libros en árabe. Era un marroquí muy españolizado, con buen castellano, queriendo poseer un montoncito de libros que le trajeran el rumor de su origen. Era como pedir la luna, lo difícil que es encontrar libros en árabe en los rastros, lo mismo que libros en chino. Para mí sería el mayor dolor de la emigración: si trabajara en China, por ejemplo, no poder acudir a esos montones de libros en mi idioma.
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