
"Lo que más me gusta de las librerías de viejo es que todos los libros tienen el privilegio de estar en las mismas condiciones físicas de cara al lector. No hay jerarquías literarias, ni espacios restringidos para determinados grupos editoriales, ni mucho menos mesas dedicadas a los libros más vendidos de la temporada, fruto de esas listas tan odiosas como dañinas que perpetran semana tras semana -o mes tras mes- los suplementos y revistas de consumo de crítica literaria.
En las librerías de viejo autores conocidos se dan la mano con autores que no aparecen nunca en los manuales de historia de la literatura ni se citan en las páginas de crítica de los suplementos literarios. Los libros editados en pequeñas editoriales de provincia se hablan de tú a tú con los libros editados en las grandes y poderosas editoriales. Todos a la par, apretujados entre sí, hermanados entre el polvo y el olvido, sin privilegios, sin distinciones, catalogados según el género literario al que pertenecen y un poco más..." (Leer completo en Librero de viejo)
Arriba, libros viejos en La Plaza de Armas. Casco Historico de La Habana
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