"...un adolescente ladrón de libros, un pibe curtido por la vida que no pensaba en el futuro, sino en ese presente continuo que, como en el tango de Discépolo, consistía en buscar el mango para morfar. Lo más extraño es que nunca se había animado a robar otra cosa que no fueran libros, y se parecía más al tipo de pacientes que atendía en su consultorio privado. En sucesivas sesiones el ladrón le contó cómo perfeccionó su estrategia delictiva. Robaba en los supermercados y en librerías pequeñas y después los vendía en los puestos de usados. Testigo de un circuito perverso que se realimenta con la misma carne joven, Melicchio lo perdió de vista y decidió renunciar a ese trabajo, harto de que las cárceles sigan hacinándose con “las sobras” de una juventud “no elegida”. Pero un día, como sucede al comienzo de su primera novela, Letra en la sombra, se reencontró con el muchacho..." (Leer completo en Página 12)
Arriba, Pablo Melicchio con su libro «Letra en la sombra»
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